Remoto era el lugar donde me encontraba. La lluvia caía intensamente, mezclándome entre su silencio. No tenia dirección, ni guía. El lugar donde quería estar no tenía lugar en la tierra.
Todo estaba lleno de sombras de gente ignorante a los sucesos. Personas llenas de amargura, odio y pecados. Un olor fétido emanaban, y empeoraban según sus maliciosos pensamientos. Yo y gente sin nombre caminando por las calles de una ciudad que recibía el resplandor de la parte oscura de la luna. Nada. La soledad reinaba entre todos, destruyéndonos.
¿Porque estaba allí?
Desconocido fue el momento en que aparte la vista del nada. Mis ojos se entornaron ante El. Su lucir es diferente a esas personas sin sueños. El es diferente. No podía ver su rostro, la lluvia lo emborronaba. Mis ojos hechizados por lo nuevo y la curiosidad, me incentivaron a seguirle.
Mi torpe paso era a espaldas de él. Yo soy muy pequeña comparada con El. Llevaba un sombrero negro, muy parecido al de un conde. Vestía un largo saco del mismo color del sombrero, sin olvidar esos guantes blancos, que me extrañaron de que no se mostraran mojados ante el incesante clima. La presencia de El me intriga y me hace respirar confusión.
¿Qué hacia el allí?
Nunca supe si noto mi presencia, cuando él cambio de rumbo.
¿Hacia donde iba?
Mis piernas se movían sin que mi cerebro se lo ordene. Solo se dirigían hacia donde apuntaban mis ojos. Desapareciendo al instante que los entrecerré.
¿Donde estaba El?
Corría y el agua negra del suelo chispeo a esa gente que no le importaba. Me detuve en el lugar donde mi vista lo perdió. Ante tanto anhelo, mis lágrimas me tomaron por sorpresa. Lloraba como si hubiera perdido algo inexistente. Me quede un buen rato observando las gotas formadas por mis ojos que caían al mojado suelo. Lo había perdido.
Me limite a mirar los charcos formados por la lluvia. Y fue cuando vi su reflejo, mirándome, agachado al igual que yo. Gire rápido donde el supuestamente se encontraba. Para mi sorpresa El se encontraba a muchos metros de distancia de mí. El iba hacia un callejón no muy lejos de los gritos de la ciudad.
Entrando por una puerta de desgastada pintura y madera podrida, lo seguí. Al entrar procure no hacer ruido, temía que huyera de mi presencia.
¿Porque me sentía tan bien al perseguir a este extraño?
El lugar era un edificio en demolición. Ventanas rotas, puertas sucias, metal oxidado, cristales dispersos en el piso, era todo lo que encontraba a mí alrededor. Pero solo el deseo de seguirlo, eclipsaron esos obstáculos. Sin perderlo de vista, trataba de acercarme, pero un pequeño miedo me invadió.
¿Qué hacia?
En mi desconcentración, me tropecé. Los cristales dispersos en el suelo, me hicieron una herida en el brazo. Esta sangraba, pero no era profunda. Arranque un trozo de mi chaleco viejo, y me envolví el brazo izquierdo. Rogaba por que el dolor se fuera, y entre eso, logre ver una muñeca de trapo. Esta lucia vieja, y...tenia manchas de sangre. Aún no se la razón pero me gusto mucho esa muñeca, que la tomé prestada, hasta el día en que encontrara a su perdida dueña.
Crush! Un sonido me devolvió a la realidad. Mi paso se volvió más acelerado, al igual que mis palpitaciones. Llegando hasta unas escaleras rotas, de color marrón. Me preguntaba como El subió por ellas, ante el lamentable estado en el que se encontraban.
Una cuerda..
La encontré amarrada hacia los extremos de la escalera.
¿Por que mis ojos no la habían tomado en cuenta antes?
Sujetándome fuertemente a ella, pise con cuidado cada escalón. Todos crujían, temiendo que en cualquier momento estas se romperían. Mi último esfuerzo al llegar al otro lado fue casi imposible, agarrarme de la cuerda, hizo que la fricción con mi mano, producirán un ardor. Me arrime a la pared sucia, para descansar. Y mire por la ventana, el crepúsculo vespertino. Faltaba poco para oscurecer, y aun así la lluvia no cesaba. Seguí caminando por lo que seria el primer piso. Todas las puertas de los cuartos estaban rotas y dejaban ver el desolado interior de cada habitación. Un escalofrío hizo que me detuviera. Mi mente comenzó a traicionarme, y a inventar miedos desconocidos.
-- Cállate -- No quería dejarme llevar por la imaginación.
En el segundo piso todo seguía igual. Mis esperanzas se estaban acabando. Me daba por loca, por una invención más de mi extraña mente. Fue en ese justo momento en que vi la única puerta cerrada. Era igual a las demás pero esta se conservaba, pareciendo nueva. Mire la manija con interés, adentro me aguardaba algo, yo lo sentía y sabia. Mis manos temblaban. Coloque la derecha en la manija. Esta se encontraba fría. Suspiré, fuera lo que fuere, yo entraré.
Untitled : Him
