Gire el gatillo con desesperación. Mi pulsación había aumentado, podía escucharlo debido a ese perpetuo silencio, que me preocupo.
Sin notar, ya había abierto la puerta.
- Que he hecho…- dije a lo bajo. Me sentí como una criminal descubierta en pleno delito. Lleve mis manos cerca de mi rostro con gesto de asombro. No entendía porque ese sentimiento de desesperación me invadió. Por un momento quise correr lejos de ese lugar para nunca volver.
Pero tuve la sensación que algo me llamaba como si de un lobo hambriento se tratara a punto de cazar a su presa.
¿Asesinar?
Entre despacio y sin querer mi mano se dirigió a la parte de mi chaqueta, donde había guardado la muñeca de trapo, teniendo miedo de que esta tomara vida y escapara, dejándome sola.
Estaba sola.
Pensé que había quedado ciega. Todo estaba oscuro. Por un momento sentí un vacío cegador. Estaba apunto de articular algo –aunque no sabia que- cuando escuche un chasquido. Su eco se expandió.
Y toda señal de luz volvió.
En si, la habitación estaba casi oscura, debido a la luz de esa noche. La luna lucia allí en forma de una risa macabra descolocada en su verdadero sentido.
- ¿Cómo entraste aquí pequeña?- Una voz masculina resonó en el cuarto. Era algo grave pero al mismo tiempo la sentía como el terciopelo.
Hasta al momento no me había dado cuenta que habían muebles finos alrededor, mientras buscaba el rostro de aquella voz.
Tenía un deseo
Cuando lo vi pude sentir un nervio que pasaba por todo mi cuerpo. Mis ojos parecían la de una maquina, se movían desde los ojos negros de él hasta sus zapatos. Si, ahora si podía decir que era Él con exactitud por su parecido a ese reflejo borroso en ese charco que había dejado atrás.
Cabello negro, lacio y largo hasta unos cuantos centímetros antes de los hombros. Su sombrero de copa yacía en una mesita de noche, muy cercana a él.
Su tez era de un color casi blanco y su piel parecía delicada y fina como la de un algodón. Lo que mas me sorprendió fue su falta de ojeras. Sus labios eran de un tono casi conchevino. Todas sus facciones eran finas. Su rostro era perfecto.
Y allí estaba ese traje negro por debajo del saco largo del mismo color.
Nuestros ojos se miraban fijamente en ese momento. No supe el instante en que mis pies caminaron solos y acortaron la distancia. El –que parecía tranquilo esperando mi respuesta aún- descansaba su espalda en la pared. Notó, mi cercanía y se curvo un poco para poder verme debido a la gran diferencia de nuestras estaturas. Sus manos al parecer estaban escondidas en sus bolsillos.
Fue de un momento a otro que ambos comenzamos a acercar nuestros rostros como de un beso se tratara.
Un beso… ¿Quería besarlo?
Entonces cuando faltaba poco para que lo sucedido pasara, su dedo –al parecer aun llevaba sus guantes- recorrió sin vacilación alguna, mi expuesto cuello, y luego salto a mis labios. Lo dejo allí, mientras su rostro se acerco a mis oídos, como si fuera a susurrarme algo.
Por un momento me tensé y mis labios, mi boca, pronunciaron una respuesta que no había rodado mi mente…
- Te seguí -
Fue algo incomodo cuando el se alejo de mi. Tenia la mirada, pensativo. Yo solo miraba sus ojos cuando él se percato de aquello y me miro fijamente como si descifrara algo confuso de entender.
Miro mi ropa. Me sentí incomoda algo apenada.
¿Qué buscaba?
- ¿De donde eres? – Me tense de nuevo, parecía que otra vez iba a suceder lo mismo. Me mordí los labios tratando de reprimir esa fuerza extraña.
- Soy de Afuera – dije por fin. Señale la ventana, la calle. Vi sus ojos y supe que pregunta iba a formular. – Ellos desaparecieron- Nunca me gusto hablar de mis padres, aunque no había forma, no los había conocido.
No sabia a que venían esas preguntas y la única que se me ocurrió fue, claro después de interrumpir en su habitación, necesitaba darle una explicación.
¿Cómo entraste aquí pequeña?
Volví a pensar en su primera pregunta. Aunque de una u otra forma, yo también me preguntaba lo mismo.
¿Cómo entre allí, detrás de un desconocido, detrás del miedo que sentí pero también de una atracción, que no era ni sexual, ni física…como?
Y porque?
- Tú no eres Humana – El rompió el desapercibido silencio y termino el bullicio en mi cabeza.
Sus palabras me desconcertaron, me sentí in fraganti extrañamente, pero mi conciencia, cordura y mente me salvaron de darle la razón.
- ¿Qué dices?- estaba asustada aun. – Tú no eres humana- repitió. Yo pensé desmoronarme.
- ¡Claro que lo soy! – camine hacia atrás terminando toda cercanía que había quedado. Uní mis brazos, contra mi pecho, como si estuviera protegiéndome. – Yo soy humana, estoy muy conciente de ello – Volví a retroceder y sin darme cuenta termine sentándome en un sillón.
- Por que vivas entre ellos, no significa que eres uno de ellos – El sentencio.
Untitled: My dream becomes a Nightmare
Sin notar, ya había abierto la puerta.
- Que he hecho…- dije a lo bajo. Me sentí como una criminal descubierta en pleno delito. Lleve mis manos cerca de mi rostro con gesto de asombro. No entendía porque ese sentimiento de desesperación me invadió. Por un momento quise correr lejos de ese lugar para nunca volver.
Pero tuve la sensación que algo me llamaba como si de un lobo hambriento se tratara a punto de cazar a su presa.
¿Asesinar?
Entre despacio y sin querer mi mano se dirigió a la parte de mi chaqueta, donde había guardado la muñeca de trapo, teniendo miedo de que esta tomara vida y escapara, dejándome sola.
Estaba sola.
Pensé que había quedado ciega. Todo estaba oscuro. Por un momento sentí un vacío cegador. Estaba apunto de articular algo –aunque no sabia que- cuando escuche un chasquido. Su eco se expandió.
Y toda señal de luz volvió.
En si, la habitación estaba casi oscura, debido a la luz de esa noche. La luna lucia allí en forma de una risa macabra descolocada en su verdadero sentido.
- ¿Cómo entraste aquí pequeña?- Una voz masculina resonó en el cuarto. Era algo grave pero al mismo tiempo la sentía como el terciopelo.
Hasta al momento no me había dado cuenta que habían muebles finos alrededor, mientras buscaba el rostro de aquella voz.
Tenía un deseo
Cuando lo vi pude sentir un nervio que pasaba por todo mi cuerpo. Mis ojos parecían la de una maquina, se movían desde los ojos negros de él hasta sus zapatos. Si, ahora si podía decir que era Él con exactitud por su parecido a ese reflejo borroso en ese charco que había dejado atrás.
Cabello negro, lacio y largo hasta unos cuantos centímetros antes de los hombros. Su sombrero de copa yacía en una mesita de noche, muy cercana a él.
Su tez era de un color casi blanco y su piel parecía delicada y fina como la de un algodón. Lo que mas me sorprendió fue su falta de ojeras. Sus labios eran de un tono casi conchevino. Todas sus facciones eran finas. Su rostro era perfecto.
Y allí estaba ese traje negro por debajo del saco largo del mismo color.
Nuestros ojos se miraban fijamente en ese momento. No supe el instante en que mis pies caminaron solos y acortaron la distancia. El –que parecía tranquilo esperando mi respuesta aún- descansaba su espalda en la pared. Notó, mi cercanía y se curvo un poco para poder verme debido a la gran diferencia de nuestras estaturas. Sus manos al parecer estaban escondidas en sus bolsillos.
Fue de un momento a otro que ambos comenzamos a acercar nuestros rostros como de un beso se tratara.
Un beso… ¿Quería besarlo?
Entonces cuando faltaba poco para que lo sucedido pasara, su dedo –al parecer aun llevaba sus guantes- recorrió sin vacilación alguna, mi expuesto cuello, y luego salto a mis labios. Lo dejo allí, mientras su rostro se acerco a mis oídos, como si fuera a susurrarme algo.
Por un momento me tensé y mis labios, mi boca, pronunciaron una respuesta que no había rodado mi mente…
- Te seguí -
Fue algo incomodo cuando el se alejo de mi. Tenia la mirada, pensativo. Yo solo miraba sus ojos cuando él se percato de aquello y me miro fijamente como si descifrara algo confuso de entender.
Miro mi ropa. Me sentí incomoda algo apenada.
¿Qué buscaba?
- ¿De donde eres? – Me tense de nuevo, parecía que otra vez iba a suceder lo mismo. Me mordí los labios tratando de reprimir esa fuerza extraña.
- Soy de Afuera – dije por fin. Señale la ventana, la calle. Vi sus ojos y supe que pregunta iba a formular. – Ellos desaparecieron- Nunca me gusto hablar de mis padres, aunque no había forma, no los había conocido.
No sabia a que venían esas preguntas y la única que se me ocurrió fue, claro después de interrumpir en su habitación, necesitaba darle una explicación.
¿Cómo entraste aquí pequeña?
Volví a pensar en su primera pregunta. Aunque de una u otra forma, yo también me preguntaba lo mismo.
¿Cómo entre allí, detrás de un desconocido, detrás del miedo que sentí pero también de una atracción, que no era ni sexual, ni física…como?
Y porque?
- Tú no eres Humana – El rompió el desapercibido silencio y termino el bullicio en mi cabeza.
Sus palabras me desconcertaron, me sentí in fraganti extrañamente, pero mi conciencia, cordura y mente me salvaron de darle la razón.
- ¿Qué dices?- estaba asustada aun. – Tú no eres humana- repitió. Yo pensé desmoronarme.
- ¡Claro que lo soy! – camine hacia atrás terminando toda cercanía que había quedado. Uní mis brazos, contra mi pecho, como si estuviera protegiéndome. – Yo soy humana, estoy muy conciente de ello – Volví a retroceder y sin darme cuenta termine sentándome en un sillón.
- Por que vivas entre ellos, no significa que eres uno de ellos – El sentencio.
Untitled: My dream becomes a Nightmare
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Valla aqui mi tan anhelada segunda parte xD Espero que les haya gustado este shot,
Algún que otro comentario harían que esta pesadilla se vuelva peor (?) quiza xD
Todos los comentarios son bien recibidos ^^
S A Y O !

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